Para comenzar, nada más salir del museo, pararemos en el Chipirón, un pequeño y acogedor café dónde acompañaremos una caña con alguna de las tapas tradicionales que oferta asiduamente. Al terminar, la cosa no puede acabar aquí. La ciudad vieja es uno de los lugares que recomiendo sin dudar para salir. Al igual que ocurre cuando recorres sus calles en busca de monumentos, cuando sales de marcha te trasladas ilusoriamente a otro tiempo y a otro lugar distinto al centro de la ciudad. Los locales son diferentes, peculiares, con encanto. Todos destacan por una cuidada decoración y por producir la sensación de que el tiempo se para y la noche durará eternamente.
Recomiendo comenzar por la Tetería.
Al ritmo de una peculiar música y con una exótica decoración (cientos de cachivaches colgando por paredes y techos) podréis degustar tés tan sabrosos que parecerá que os habéis trasladado en un momento al mismísimo Marruecos o a la lejana India. Al lado, el Garufa, es una sala de conciertos dónde muchos de los músicos locales dan muestras de su arte de miércoles a sábado a partir de las once y media de la noche.
Y a continuación, la Madame, de estética similar a la tetería, aunque más español, es otro local dónde tomar algo degustando a la vez una atmosfera muy agradable.

Si vuestro estilo es algo más kitsch, el Belle Epoque, situado al lado de la Plaza de Capitanía seguro que conseguirá sorprenderos.
Y para cuando nos adentremos más en la noche, La Diablita, en la calle Damas, el Itaca, en la Travesía de Puerta de Aires, un tradicional, o La Gata, en la Plaza de Azcárraga, nos ofrecen copas y música hasta las tres de la mañana.
Ésta será una hora prudente para retirarse. Para dormir, esta noche, nos daremos el lujo de hospedarnos en el hotel de mayor categoría de la ciudad. El Hotel Gran Hesperia Finisterre, un lujo de cinco estrellas situado en el Paseo del Parrote, a la salida de la ciudad vieja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario